
¿PAN Y BALÓN? O QUIZÁS NO
Por la ley de los grandes números, la victoria tenía que llegar tarde o temprano. Y fue una especie de bocanada de oxígeno no solo en relación con una clasificación deprimente, sino para el ánimo de todo el ambiente.
El partido.
Entendámonos, ciertamente no fue un encuentro para archivar en los anales históricos, pero sabemos muy bien que en la situación en la que se encuentra el Foggia, se necesitan puntos, solo puntos, malditos puntos. Foggia-Trapani Así pues, propuso un Foggia animado y con ganas de llevarse todo el botín. Se percibía claramente, al igual que se percibieron claramente las habituales dificultades que se espera que desaparezcan en previsión (se espera) de los play-offs. A una defensa, en general aceptable, se le suma un centro del campo de claroscuros, pero por el momento también un ataque que por ahora queda en el papel, y así seguirá si se sigue regateando demasiado mano a mano con el portero contrario o si se tiene “miedo” de chutar a puerta. En cualquier caso, misión cumplida, aunque contra un rival que pareció casi noqueado antes incluso de saltar al campo. Y no me extraña: golpes por aquí y por allá, entre el juez deportivo y la protesta de una parte del público, pasando por las inefables certezas personales aireadas por el propietario. Antonini.
Juez deportivo.
Varios lados están haciendo cuentas basadas en desgracias ajenasy confesamos que a la larga prevalece también un sentimiento de malestar, a pesar de comprender ciertas razones. Nosotros mismos participamos en ciertos cálculos, pero nos tapamos la nariz, ya que con la llegada de la nueva propiedad y su acto de valentía, nos damos cuenta de que esta última tiene poco que ver con situaciones originadas ya desde el verano pasado (si no desde hace 4-5 años). Si no fuera, por lo tanto, por De Vitto-Casillo, no tendríamos problemas en decir que el Foggia merece ampliamente el último puesto y, por lo tanto, el descenso. Claro, alguien dirá que con la actual gestión se ha producido una racha de resultados nada positivos, olvidando sin embargo que, además de la buena fe, el dúo De Vitto-Casillo ha operado en el mercado de fichajes lo mejor que ha podido, a pesar de las declaradas dificultades del mercado de fichajes de invierno. Siempre en lo que respecta a la incomodidad de “alegrarse” de las desgracias ajenas, esto se dirige sobre todo, por no decir únicamente, a los desafortunados aficionados de los equipos implicados, ya que ciertas políticas (y ciertas formas de eludir las reglas) son prerrogativa de quienes en cambio piensan en su propio sillón, en sus propios intereses, sin importarles en absoluto si los que sufren son precisamente aquellos que vibran por las vicisitudes de su propio equipo.
El equipo.
Aún no estamos en la cima, pero vamos por buen camino. Concedanos esta salvación, ya que no todo está perdido. Foggia Puedes responder, pero también exaltar. Fuerza.
Tifosi.
Érase una vez, pero quizás todavía hoy, se decía que Foggia vivía de pan y balompié. Pero diría que es un dicho ya superado, si se considera que, en un partido vital, y a pesar de las invitaciones de Casillo, las presencias se situaron bajo los tres mil espectadores. Rechazamos a partir de estas líneas las excusas del horario del partido, de las festividades, de un equipo que no divierte o de una clasificación deficiente. El Foggia, especialmente en estos momentos, sobre todo en estos momentos, es seguido e incitado como nunca. Si mañana se presentara una ocasión tipo play off Foggia-Pisa, bueno, ese gran interés pasa por superar períodos como los que estamos viviendo. Finalmente, sin condenar a nadie (no tenemos ningún derecho), quienes acuden al Zaccheria son portavoces no solo de sí mismos, sino de los muchos, de los muchísimos que viven lejos y que solo pueden poner su corazón en esas gradas. Un partido como el de contra el Trapani, si por alguna extraña razón el Foggia lo tuviera que disputar en una Milán, Turín, Bolonia, Parma, etcetera, habría llevado... mucho más que 2.000/3.000 espectadores. Estamos todos en el mismo barco: quien pueda, debe...
Rino La Forgia
