
Foggia-Siracusa Tenía que ser el partido de la vida, acompañado de muchas iniciativas para llenar el estadio Zaccheria.
En realidad, después del pitido final, nos encontramos de nuevo, como un copiar y pegar, describiendo situaciones que se repiten desde hace tiempo. Una repetición de reflexiones que, en cierta medida, nos obligan a decir que mientras haya vida...
LAS OCASIONES QUE NO MERECES
Es obvio que más allá de los resultados, al ver lo que producen los nuestros (?!?!), la depresión se apodera de uno. Es muy lamentable ver a tantos aficionados con las calculadoras en la mano intentando buscar una rendija en los dos últimos partidos, cuando sabemos que en el campo, por desgracia, no juegan los aficionados. Más allá de todo, que quede claro que el Foggia merece ampliamente el descenso en comparación con quienes ponen juego, corazón y, sobre todo, puntos en el campo. Así como está claro que quienes no merecen el descenso son los aficionados con esta directiva en la cabeza. Sin embargo, el hecho es que los acontecimientos externos nos llevan a decir que, a pesar de las oportunidades favorables, que no mereces, seguimos ahí.
De modo que está claro que quien escribió el guion de este final de temporada seguramente tenía graves problemas mentales.
Siracusa.
Si el Foggia tenía como prioridad conseguir los 3 puntos, intentemos imaginar las necesidades de los de Siracusa para intentar mantener viva una debilísima llama. Una llama que, más allá del terreno de juego, tiene un gigantesco hacha lista para caer debido a situaciones extradeportivas (escribimos a la espera del juez deportivo). Pero a pesar de ello, poco o nada de la depresión y la... valeriana que se han instalado en casa del Foggia: los sicilianos y todo el ambiente se han unido para pedir o, al menos, inventar esperanzas para el futuro. Recaudación entre los aficionados para permitir el desplazamiento y, sobre todo, una demostración en el campo de que, más allá de la calidad técnica, se necesita, sobre todo, corazón. Deportiva y empáticamente, estamos muy cerca de los sicilianos.
El partido.
Un primer tiempo en el que el Siracusa apaleó y dominó al equipo contrario en todos los aspectos, hasta tal punto que el único gol (Arditi) de los sicilianos pareció casi un regalo para los 11 milaneses llenos de manzanilla. Los milaneses que evidentemente habían dejado en los vestuarios todas las buenas intenciones de la víspera. Una primera mitad de partido donde imaginamos que el aficionado medio habrá pensado: “...in caso arrivassimo ai play-out, dove andiamo?”
En la segunda parte las cosas no cambiaron mucho, pero lo bonito del fútbol hace que de repente te salga el clásico conejito de la chistera, cortesía de Tommasini. Vaya, mira quién aparece. Desde ahí, incluso las gradas se despertaron de su letargo, esperando dar ese empujón que bien conocemos. En ese momento, apareció lo que siempre hubiéramos deseado de nuestros jugadores: ardor competitivo. Sin embargo, por lo visto, solo eso, ya que ciertamente no éramos dueños del campo, sino que a menudo saltabamos el mediocampo con pases largos. El único, a nuestro parecer, que se desenvolvió bastante bien fue el jovencito francés. Eyango con su frescura, pero también y sobre todo por un par de verticalizaciones venenosas en beneficio de Bevilacqua que merecían mejor suerte (y mejor intérprete). Nos preguntamos por qué este chico (Eyango, por supuesto...) no puede aportar más en términos de tiempo. En cualquier caso, después de unos veinte minutos, poco a poco volvió el Foggia de siempre, a pesar del intento de los aficionados de dar estímulos. La conclusión es que, a pesar de que el Siracusa se quedó en 10, la sensación que quedó es que si el partido hubiera continuado un poco más el final podría haber sido incluso peor.
Equipo.
Esos veinte minutos después del empate, en los que parecía que se podía hacer cualquier cosa, deben ser la forma de abordar y afrontar los próximos dos partidos. Queridos jugadores, tienen en sus manos el destino de un club, de una afición, de una ciudad. Pero también su propio futuro, ya que en los planes de esta sociedad, muchos de ustedes debían representar el año cero, el año del renacimiento. Sepan jugar bien sus cartas.
Propiedad.
Siento/leo de milagro salvación, pero también aquí toca repetirse. El milagro ya ocurrió y si ocurre también en el campo representa torta y cereza. Sin embargo, aún es obligatorio recordar que, sin i De Vitto-Casillo, incluso el descenso dramático a la Serie D, de por sí una tragedia deportiva y una vergüenza colosal, habría sido un salto a un vacío oscuro y sombrío aún peor y, seamos sinceros, sin perspectivas creíbles de ascenso. Quienes critican a esta directiva, pensando en la anterior, creen que quizás con ella la situación podría haber sido menos crítica. A nosotros nos toca simplificar todo y recordar que no más tarde del año pasado se evitó el partido de la vida (Messina) a puerta cerrada solo gracias a intervenciones externas. Quien quiera entender...
Rino La Forgia
